Nuevas Metodologías, Trabajo cooperativo

Colección de 28 Técnicas Pedagógicas Centradas en el Estudiante

Permiten un aprendizaje más profundo y permanente, propician el desarrollo de habilidades, actitudes y del pensamiento crítico.

El proceso didáctico se centra en la actividad del alumno. El profesor lo apoya directamente.

El proceso de enseñanza se subordina a que el aprendizaje se desarrolle de la mejor manera.

Desarrollan las habilidades del alumno para aprender a aprender.

Pasa a segundo plano la labor informativa, siendo lo prioritario la labor formativa.

Exige un trabajo previo del estudiante.

Aún cuando se trate de técnicas de enseñanza en grupo, se intenta personalizar el proceso de enseñanza y llegar al alumno concreto, individual.

Estimulan la socialización, pues ayudan a que el alumno comprenda y respete a los otros, e interactúe en el trabajo universitario.

Se centra en el trabajo colaborativo.

Ayudan a ligar los conocimientos a la práctica.

Procuran un aprendizaje significativo.

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fuente: http://www.theflippedclassroom.es/metodos-y-tecnicas-pedagogicas-centradas-en-el-alumno/

 

Alumnos sin experiencia previa en el trabajo en equipo

Los equipos van a necesitar tiempo para acoplarse y funcionar eficazmente. Para muchos estudiantes es una experiencia novedosa, por lo que podrán presentar resistencias.

Normalmente los equipos atraviesan diversas etapas:

Inicio: predomina el optimismo, los miembros se sienten ilusionados con el proyecto que se les ha encomendado; se conocen poco pero las relaciones son cordiales, todos ponen de su parte para evitar conflictos.

Primeras dificultades: el trabajo se complica y surgen las primeras dificultades lo que origina tensión y roces entre sus miembros; las diferencias de carácter y personalidad asoman.

Ajuste: los miembros están conscientes de que están obligados a entenderse si quieren sacar el proyecto adelante. Esto les obliga a tratar de superar los enfrentamientos personales. Por otra parte, los miembros perciben que, aunque con dificultades, el proyecto va avanzando lo que permite recuperar cierto optimismo.

Madurez: el equipo está unido, controla el trabajo y sus miembros han aprendido a trabajar juntos (conocen los puntos débiles de sus compañeros y evitan herir sensibilidades). El equipo entra en una fase muy productiva.

Agotamiento: buena parte del proyecto ya está realizado, quedan aspectos menores y los miembros del equipo comienzan a perder ilusión en el mismo. El rendimiento puede volver a caer y es posible que vuelvan a surgir rivalidades. Llega el momento de ir cerrando el proyecto e ir liquidando el equipo, quedando únicamente aquellas personas necesarias para terminar el trabajo.

Conociendo este desarrollo, es conveniente al principio no presionar en exceso al equipo, darle tiempo para que se vaya integrando.

Un equipo que empieza funcionando bien tiene más posibilidades de tener éxito. Por el contrario, un equipo que comienza con problemas y tensiones es muy probable que entre en una espiral negativa de la que difícilmente salga.

Actitudes a promover

El profesor y el guía deben promover las siguientes actitudes entre los alumnos:

Espíritu de equipo: debe dejar atrás su aspectos personales (algo que no resulta fácil) y anteponer el interés del equipo. Hay que tener presente que el éxito de un equipo de trabajo no va a depender del trabajo individual de cada uno de sus miembros sino de la coordinación de sus actividades, del saber apoyarse unos a otros.

Colaboración entre todos los miembros del equipo.

Respeto: los alumnos deben de aprender a defender sus puntos de vista con firmeza, pero sin menospreciar otras opiniones.

Responsabilidad: cada miembro acepta sus obligaciones, responde a los mismos, y cuando algún miembro falla éste asume las consecuencias y propone soluciones.

Cohesión del equipo

Los equipos de trabajo más eficientes son en los que existe una gran cohesión entre sus miembros, que se expresa en que se sienten orgullosos de pertenecer al mismo.

En contraste puede haber equipos disgregados, que es prácticamente lo mismo que una ausencia de equipo. Aquí cada miembro actúa por su cuenta, sólo le interesa su interés particular y no el del equipo. En esta situación es prácticamente imposible funcionar eficazmente. El profesor deberá intervenir disolviendo el equipo.

La cohesión no es algo que tiende a surgir de forma espontánea, es necesario que el profesor y el guía la propicien y trabajen con las siguientes estrategias:

• Una buena selección de alumnos.

• Por regla general los equipos pequeños tienden a estar más cohesionados que los grandes, por lo que deberán tener de 4 a 6 miembros.

• El proyecto asignado deberá ser interesante, exigente, motivador, de lo contrario es difícil que los alumnos se identifiquen con el equipo y más bien traten de salir del mismo a la menor oportunidad.

• El profesor deberá reconocer algún éxito inicial, aunque sea pequeño, estimulando que el equipo se perciba competente, capaz de alcanzar las metas propuestas.

• El profesor mediante asesorías deberá promover que ante una dificultad (ya sea que afecte al equipo en su conjunto o a un miembro determinado) los miembros del equipo hagan causa común, se involucran, tratan de encontrar una solución, eviten las críticas internas y se apoye al alumno afectado.

La respuesta del equipo dependerá en gran medida de la actitud que adopte su guía y el profesor-facilitador.

Dificultades y conflictos

Dificultades

• En el trabajo en equipo, como en cualquier técnica, pueden surgir dificultades que pongan a prueba al equipo.

• Ante los problemas no buscar culpables sino soluciones.

• Si el problema es grave (pone en peligro el proyecto, impide que se puedan cumplir los plazos establecidos, etc.) hay que ponerlo inmediatamente en conocimiento del grupo y del profesor.

• Cuando un equipo empieza a funcionar resulta aconsejable comenzar por los apartados menos problemáticos del proyecto con el fin de que el equipo tenga cierto tiempo para ir encauzándose.

Conflictos

• En el desarrollo de un equipo de trabajo es frecuente que en algún momento puedan surgir conflictos personales, lo que en si no tiene mayor importancia ya que es normal que en una relación intensa y prolongada

• El problema se presenta cuando este conflicto termina generando un enfrentamiento grave entre dos o más miembros del equipo, porque imposibilita el avance del proyecto.

Ante un conflicto se dará un margen prudencial (no mayor a una semana) a los alumnos enfrentados para que ellos mismos resuelvan sus diferencias (siempre hay que tratarlos como adultos).

Si el asunto sigue sin resolverse el guía intervendrá con la asesoría del profesor-facilitador, hablando con las personas implicadas, advirtiéndoles que no va a tolerar comportamientos que pongan en peligro el proyecto.

Si el conflicto persiste, el profesor tomará cartas en el asunto, informándose previamente con detalle de lo sucedido y adoptando a continuación la decisión que estime oportuna. Una sanción puede ser expulsar del equipo a los dos miembros enfrentados, asignándoles un trabajo individual.

Motivación

La motivación hace referencia a todas las actuaciones del encaminadas a estimular a los alumnos para conseguir de ellos un fuerte compromiso con su trabajo. Cuando un profesor introduce el trabajo en equipo deberá aplicar un doble esquema de motivaciones: uno dirigido al equipo y otro dirigido al alumno individual.

Para motivar al equipo:

• El profesor-facilitador debe exigir unos resultados determinados pero debe conceder margen de actuación.

• Resulta muy motivante para el equipo el ir alcanzando metas parciales, aunque sean pequeñas. De ahí la importancia de no fijar únicamente una gran meta final, sino de establecer también objetivos intermedios que el equipo pueda tratar de alcanzar con cierta rapidez. Un éxito temprano contribuye a aumentar la autoconfianza del equipo.

Para motivar al individuo:

• Que se le trate como persona y no como un simple nombre en una lista.

• El profesor-facilitador deberá valorar y reconocer públicamente los logros.

• El guía del equipo debe reconocer públicamente los éxitos de sus colaboradores, reconociéndolos delante de todo el grupo.

Equipo que no funciona

A veces los equipos de trabajo no terminan de funcionar.

Los motivos de este fracaso pueden ser numerosos. Entre ellos se pueden mencionar los siguientes:

• Falta de liderazgo: el guía no organiza, no motiva, no empuja.

• Objetivo mal definido, ello origina que el equipo no sepa a qué atenerse, que se produzcan conflictos.

• Escasa comunicación, tanto dentro del equipo como con el resto del grupo y el profesor.

• Desmotivación puede darse si se ofrece al equipo un proyecto muy interesante y al final resulta que los trabajos son rutinarios y de poca trascendencia.

• Proyectos demasiados complejos pueden ser desmotivante para los equipos que no cuenten con la formación, información y experiencia necesarias.

• Frecuentemente falla el apoyo y el monitoreo del profesor al equipo.

A veces falla la capacidad del profesor para adoptar nuevos enfoques educativos, por ejemplo, se potencian los equipos de trabajo pero al mismo tiempo se sigue manteniendo unos esquemas de evaluación enfocados únicamente en el individuo.

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